Salvador Dalí, artista: “La buena vida es cara. Hay otra más barata, pero esa no es vida…”


Dalí creó una marca sin igual en el siglo XX. Su imaginario ilusorio y provocador lo incluyó entre los grandes nombres del surrealismo. Asimismo, su relación con el dinero fue tan llamativa como su legado artístico, con el que distorsionó los significados convencionales.

Es que Dalí defendió abiertamente la riqueza. Concebía al dinero no como un fin en sí mismo, sino como una herramienta indispensable para alcanzar la libertad intelectual.

Esa postura generó rechazo dentro del movimiento al que pertenecía y se convirtió en uno de los aspectos más discutidos de su vida pública.

En su libro Diario de un genio, publicado en 1964, Dalí resumió su pensamiento con la siguiente frase: “La buena vida es cara. Hay otra más barata, pero esa no es vida… Lo que me interesa no es el dinero en sí, sino lo que el dinero permite: el desprecio absoluto por los problemas materiales que impiden el pensamiento”.

La frase no era una mera provocación. Detrás de ella había una de sus ideas centrales: creía que las preocupaciones materiales podían convertirse en un obstáculo para el pensamiento creativo.

Según Dalí, la verdadera libertad artística solo podía existir cuando desaparecían las urgencias económicas. La precariedad, lejos de estimular el genio, limitaba la imaginación.

Tal postura, polémica dentro del propio surrealismo, le valió el apodo de Avida Dollars. Tal sobrenombre lo inventó el poeta André Breton, con quien tuvo una estrecha relación.

La relación del pintor con el dinero no quedó limitada a entrevistas o declaraciones públicas. También apareció en su producción artística. Así se puede ver en La apoteosis del dólar, donde incorporó símbolos económicos.

En esa pintura también aparece Gala, su esposa, convertida en Venus. No es algo menor teniendo en cuenta lo que el pintor le llegó a decir a su musa: “te quiero como se quiere al dinero”, según aseguró su coleccionista y cronista Albert Reynolds Morse.

En el mismo Diario de un genio, Dalí escribió: “No hay nada más humillante que la pobreza para un espíritu que aspira a la monarquía absoluta del pensamiento. Yo soy un anárquico-monárquico que necesita el lujo para ser humilde ante su propia obra”.

La visible contradicción allí latente (ser “anárquico-monárquico”) resume su filosofía. Dalí defendía una libertad total del pensamiento, pero entendía que esa libertad necesita de una base material que la hiciera posible.

En definitiva, para Dalí el dinero no es el objetivo, sino el medio. Un filtro que quita las preocupaciones del día a día y permite al artista dedicarse plenamente a su mundo interior.

El escritor francés André Breton, una figura elemental del surrealismo, admiró el talento del pintor catalán, al punto de considerar que este usaba el arte para “liberar la psique humana”.

A la vez le reconoció el valor de su “método paranoico-crítico”, una técnica que buscaba transformar delirios, obsesiones y asociaciones inconscientes en imágenes artísticas. Vale destacar que el poeta no veía la paranoia como algo negativo, sino como un delirio que podía ser coherente y constante.

Sin embargo, también vio la fascinación de Dalí por el dinero. Esa tensión terminó cristalizada en el apodo ya mencionado: Avida Dollars.

Por su parte, Dalí entendió a los objetos externos no como algo simple o neutral, sino como transmisores de una dimensión simbólica y personal. Así lo muestran sus relojes derretidos, objetos cotidianos transformados en un desafío total a la lógica.

Fuente: www.clarin.com

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